La luna cae sobre mis ojos,
como el agua cae sobre mi pelo.
Humedecido el cabello,
Los ojos negros como el carbón,
dientes escarlata,
la sangre es la vida,
la muerte es el comienzo,
el deseo me resarcirá,
oculto en las sombras estoy.
(Rememorando épocas pasadas)
Y cortaba la cocaína sobre la mesa de cristal, entremezclada con la sangre que corría del cuello de esa puta muerta: – coca y sangre, dos vicios humanos- pensaba mientras la esnifaba. Alargue mi mano hacia el vaso ancho y bajo de whisky que reposaba en la mesa, y le di un largo trago, contemplando los ojos azules y profundos de la zorra, profundos, pero sin brillo. Tome el cuchillo abierto y con sangre seca y saque esos dos profundos y celestes ojos, odio que me miren. Me levante, un ligero mareo hizo que apoyara mi mano sobre la pared -malditas drogas. Era el fin, un fin de ojos azules y olor a Malboro.

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