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Siempre me ha gustado esa descripción o técnica. A mano alzada. Recuerdo de niño, en clase de dibujo, cuando el profesor nos decía que dibujáramos a mano alzada… A mano alzada. Dibujar a mano alzado, es prescindir de toda herramienta, simplemente trabajar con un simple lápiz, un papel y nuestra propia mano. Hoy me encuentro dibujando mi mejor obra de arte a mano alzada. Comenzando por una dulce y lenta asfixia, apretando con dulzura el pálido cuello de está desconocida que ha decidido posar para mi. Seguido de colorear todo mi lienzo de un rojo sangre, conseguido con mi lápiz atravesando la tráquea de la modelo. De rojo oscuro, por los coágulos formados por los golpes que ha recibido, los cuales dan el relieve a mi obra. A mano alzada. Está es mi mejor obra de arte, lenta, metódica, expresiva, sentimental, atrapante. Una muerte, a mano alzada.

Sueño, sueño, quiero dormir. Los ojos rasposos, como si tuviera arena en el interior, el cuerpo pesado, entumecido. Pero una llama brilla en mi interior, una llama que cada vez es más grande, que cada segundo de vida interior, hace que mis ojos se iluminen, que busquen salidas, que busquen metas.

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Mi corazón vuelve a palpitar con vida, mis piernas, antes entumecidas, dormidas, vuelven a moverse… primero los pulgares, luego el resto de los dedos de mis pies, los pies, las rodillas, las piernas. Tengo vida, tengo cuerpo, tengo alma, tengo fuego, tengo ansia por ver y cambiar. Mundo, ahí estas, ahí has estado, me has esperado, paciente… mi hermano. ¿Sueño? ¿Quien dijo sueño?

Contemplaba la basta superficie de campo delante de sus ojos, como los campesinos trabajaban en sus tierras, mientras el acariciaba con los pensamientos perdidos el mango de su espada. Búsqueda, constancia, llama interior. El era un samurai, y no se podía permitir sentirse atenazado por terrores banales y totalmente humanos, el estaba por encima de ello, su alma era pura, su medio la vacuidad, lo era todo para el, no existía mas que eso.

Una ligera brisa, proveniente del océano pacifico, refrescaba su rasurada cabeza, sus manos comenzaron a volver a la vida, sus ojos, comenzaron a abrirse en su máximo esplendor, su mente, comenzó a allanarse, a eliminar las imperfecciones, a eliminar lastres, vicios, perversiones, tentaciones. Sus rodillas, comenzaron a doblarse hasta levantarse, su cuerpo, comenzó a respirar normalmente. Es un samurai, honestidad y estoicismo, astucia y benevolencia, fiereza y calma. Nada puede derribar las barreras de su mente y de su corazón, protegidos con un perfecto Kuji Kiri trazado con la máxima concentración: Rin, Pyo, To, Sha, Kai, Jin, Retsu, Zai, Zen! Iluminación. Elevó su cuerpo, por encima de todo lo material, de todos sus bastos terrenos y encuentró la respuesta: Persevera, Issho Kenmei, como decía su padre, enfoca la energía en lo que realizas, para lograr ser mejor cada día.

Arrastrando mis pies, enfundados en mis ajadas, casi desechas botas de cuero negras, militares, con la mirada puesta en el asfalto, dejando que las gotas de lluvia, resbalen por mi cabello, por mis orejas, por mi cara, parecen lágrimas, lágrimas de los ángeles que he asesinado, lágrimas de los querubines rubios de ojos azules estereotipados que han muerto, gotas de lluvia transformadas en sangre, asfalto, sucio asfalto, golpeando con mis hombros a los transeúntes que corren a resguardarse, solo es lluvia… querubines asesinados, esos pobres niños de mirada rota, de familias destrozadas, son mis botas, ellas lo hicieron.