Detente. ¡Detente!. ¡¡Detente!! El tiempo se detiene por fin, y yo, hago lo mismo para observar. Observo la ansiedad que me invade, observo la presión a la que soy sometido día tras día por la sociedad, observo el rostro de la gente al contárselo con una mirada de perdón y comprensión, como si de Mesías salvadores se trataran.
Harto, hastiado, ardiendo. Mi cabeza, mis neuronas, forman nuevas conexiones, a veces creo, que en algún momento, por error, se realizara una conexión incorrecta, y mi mente se nublara, se nublara hasta la locura, transformando esta ansiedad, en rabia asesina, en ganas de aniquilar, de matar, como un berserker drogado con amanita muscaria, dispuesto a echarse sobre sus demonios, sobre sus enemigos. ¿Quien maneja mi mente? ¿Un ente superior? ¿El alma? ¿Quien esta ahí para hacerlo? Continua… ¡Continua! ¡¡Continua!! Y la ansiedad, vuelve a mi garganta en forma de vomito ensangrentado, y cientos de caras, me vuelven a mirar con halos de bondad, asco y pena. Algún día, acabare con vuestras vidas… algún día.

