
Mientras pasan las horas de domingo, dejo escapar mis pensamientos como escapa el vapor de la tetera en donde he preparado mi té, y los analizo, como un investigador de cavilaciones, y me pregunto, ¿donde ha quedado lo épico hoy en día? Ya no existen héroes, salvo los que se quedan trabajando hasta altas horas del día, para dar de comer a dos hijos, y pagar una casa al mismo tiempo.
Ya no damos la vida por algo en lo que creemos, simplemente, dejamos la vida escapar, como un suspiro. Ya no creemos en nada, es por eso que no damos la vida por nada, solo creemos en una vida de sillón y grasa acumulada en nuestros estómagos. ¿Aventura? ¿Sigue existiendo? ¿Heroicidades? Decirme donde, yo me apunto al primer barco que parta hacia ese puerto.
[audio:24 - Message For The Queen.mp3]

Mi cuerpo salta en el sofá. El primer impulso que tengo es taparme, y el estomago me da un vuelco, me giro sobre mí mismo, era la voz de mi hija, mi hija muerta. Cuál es mi sorpresa, al darme la vuelta y no ver nada, el vacio, el más puro y absoluto vacío -¿Oigo voces?, ¿Estoy enloqueciendo?- siempre he oído que la cocaína producía paranoia y cierta psicosis, y creo que estoy alcanzando el umbral, pero estoy demasiado enganchado, soy demasiado dependiente, y que cojones, la adoro, tesoro nevado.
Me levanto, la paja ya se me había cortado, conecto la radio, y suena Meet Me in the Morning, de Bob Dylan. Enciendo un cigarrillo, inundo mis pulmones de este humo nocivo, asomándome por la ventana, contemplando la ciudad – ciudad viva, ciudad muerta – es el declive de la sociedad, no lo pongo en duda. Observo el edificio de enfrente, tan estropeado como el motel en el que estoy, en las ventanas, puedo ver clavado algún tablón de madera.
Decido bajar a la calle, el bar de la esquina tiene un buen whisky, y necesito un trago de Templeton Rye. Desconecto la radio, me abrocho el pantalón y apago la luz, no sin antes mirar atrás, esbozando una leve sonrisa, recordando mi anterior episodio de pánico, y sin olvidar que hace escasos 4 minutos he oído la voz de mi hija de 11 años.
Siempre he sido seguidor de la saga GTA, desde el primero, cuando era perspectiva cenital, en 2D, hasta los ultimos, incluidos los de PSP, ya que el tema “mafia”, el poder llegar desde la nada, y hacer un imperio del crimen, con violencia extrema, aun sin ser violento, me atrae, y mucho. Todos los que hemos ido siguiendo los trailers de 30 segundos escasos que nos mostraban desde RockStar, se nos caia la baba literalmente, y estabamos a la espera de ver algo mas, y por supuesto, a jugar. Ahora, nos han sacado el ultimo trailer, mas que increible, disfrutarlo, porque, tanto la musica, el video (el motor del juego, es usado para los videos) y todo. Tengo ganas de meterle mano.
Sin duda, este vídeo ha hecho que pasara un buen rato. Salvador Dali, en un programa televisivo, “What’s My Line?”. Los participantes están vendados y tienen que adivinar quién es el famoso mediante preguntas que se responden con sí o no. El conductor interviene cada tanto tratando de encasillar al personaje en un perfil, tarea imposible tratándose en este caso de Dalí. Echarle un vistazo, no tiene desperdicio. Dali, fue, es y sera un genio encasillable.
Mas información
Video | Malas Palabras

El olor a sangre, metalicamente caracteristico, llena mis fosas nasales.
Las tuberias de este motel estan oxidadas, esta sera mi ultima noche, he estado en lugares peores, pero no lo soporto mas.
La oscuridad invade la habitación, solo el pesado sonido de mi respiración ocupa ese espacio, como si la propia oscuridad fuera física, como si pudiera chocarme con ella.
Entro, tanteando la pared en busca del interruptor – resplandor rojo, resplandor azul, resplandor verde – los neones iluminan la habitación, y contemplo en la cama, al final de la habitación, una figura. Asustado, retrocedo de nuevo al marco de la puerta, esperando al siguiente resplandor de neón, nuevamente, la figura estaba allí, inmóvil. Enciendo la luz, y mi miedo es infundado, quizá mezcla de las drogas y de mi paranoia creciente. Nuevamente respiro tranquilo, dentro de lo que mis pulmones manchados de alquitrán me lo permiten.
Cierro la puerta, y saco las células de mi bolsillo trasero, y me dejo caer sobre el sofá rojo de imitación de cuero: -plástico- a la vez que me enciendo un cigarrillo. Envueltas en un plástico transparente, aqui estan, en un tono negro verdoso, en mis manos, dos células de cristal negro. Dejándolas sobre la mesa, me recuesto sobre el sofá. Acabando mi cigarrillo, entornando los ojos, mientras miro al amarillento techo de pintura descorchada: -¿que me ha llevado a ser como soy?- pienso entre las caladas finales.
Acaricio mi entrepierna, la noto en un estado de semi flacidez: -si, hagámonos una paja- decido. Saco mi pene de los pantalones vaqueros negros, y comienzo a acariciarlo, a la par que mi respiración se acelera, llegando al climax. Detras de mi oigo un crujido, -¿La puerta?- seguido de una voz: -Hola, Jim, no te cortes, sigue pajeandote como un mono-.

Y acechaba desde aquella esquina oscura, siendo iluminado aleatoria y parcialmente por los faros de algún coche pasajero, mientras contemplaba a aquella mujer, siendo penetrada por un salvaje mas de esta jungla llamada ciudad. El gruñía, ella simulaba gemidos de placer, no pasaron ni cuatro minutos, y el hombre se corrió como un perro con pequeños gritos ahogados, se subió los pantalones y se marcho: -barba de borracho, gordo grasiento, ojala mueras- mi amor siendo mancillado por un borracho cualquiera.
Mientras ella se fumaba un cigarrillo y guardaba su dinero, sigilosamente, me acerque, y me miro a los ojos: -eh, guapo, ¿tu también quieres follar?- Una sonrisa se dibujo en mis labios, y penetre a ese ángel, con mi falo de hierro llamado cuchillo, oí el chapotear de la sangre, como si penetrara la humedad de su coño. Cayo al suelo, y rasgue su blanco y alargado cuello, contemplando su traquea abrirse. Es tu fin, descansa entre ratas y bolsas de basura.
Y mi sombra, desaparecio en ese callejon, tomando la primera esquina que alcance.
[audio:07-The_Postulate.mp3]
El metro, subway, como se conoce aquí. Repleto de caras y miradas vacías, inmersas en un mar personal de pensamientos, de notas musicales saliendo de sus auriculares o de letras de sus respectivos libros o diarios.
Noto las células en mi bolsillo trasero, decido dejarlas alli, mas adelante, en la habitacion del motel, podre probar esa droga de la que todos hablan tan bien, el cristal negro, grandes viajes me han relatado: -Bergen Street- taladra mi oído una voz electrica que sale de los altavoces del vagón.
Es mi estacion, levanto mi pesado cuerpo, cansado, veo el suelo embarrado: -Mierda, otra vez esa maldita lluvia- murmullo para mis adentros, salgo al exterior, pasando entre la marabunta de gente, y la fria lluvia rueda por mi cara, por mi cabello, respiro profundamente: -resaca- demasiadas drogas, pero me da igual, y con un encogimiento interno de hombros, continuo el camino hacia mi ruinoso motel. Y mientras camino, observo en cada sucio y oscuro callejon una puta, es su terreno, su esquina, como dicen ellas mismas, como si existieran fronteras sexuales.
Accedo al interior, oscuro, música rap, o quizá reggae, solo se que es música de estos jodidos negros que invaden la ciudad. Arrastrando los pies, subo las escaleras hacia mi habitación: -habitación 33- me dijo el dia que me aloje ese recepcionista: -hombre de color, aparentemente adicto al crack, de ojos con un ligero tono amarillo orina- relataria una descripcion policial cualquiera -cirroso de mierda-. Introduzco la llave, y sufro un impacto interno, olor a sangre.
[audio:People_Are_Strange.mp3]

Bajo del vagón de metro, corro, observo de reojo los hologramas personalizados, problemas de calvicie, coches, sexo, mujeres que jamas podre probar. Subo las escaleras, los neones me ciegan, veo a la gente ajetreada, la noche esta en su momento mas vibrante, miro a un lado, miro a otro, y ahí esta ella, pelo azul, traje plástico ceñido, es ella, definitivamente.
Me acerco, me reconoce a lo lejos, hago un breve saludo con la cabeza y me acerco. Soy directo: – ¿Tienes lo mio? pregunto mirando a los lados, temeroso de que aparezca un coche patrulla. -Si, lo tengo Jim, son 300 dolares, espero que te guste. Le deslizo el dinero disimuladamente en su bolso aterciopelado, ella me sonríe, me abraza, y posa sus labios en los míos, siento sus pechos sobre mi torso, su cuerpo caliente y joven, y sus manos bajando al bolsillo trasero de mis pantalones, colocando las dos células en mi bolsillo trasero.
Ahí comienza todo. Ahí comienza mi huida, mi iliada, mi caída y mi ascenso.
Y cortaba la cocaína sobre la mesa de cristal, entremezclada con la sangre que corría del cuello de esa puta muerta: – coca y sangre, dos vicios humanos- pensaba mientras la esnifaba. Alargue mi mano hacia el vaso ancho y bajo de whisky que reposaba en la mesa, y le di un largo trago, contemplando los ojos azules y profundos de la zorra, profundos, pero sin brillo. Tome el cuchillo abierto y con sangre seca y saque esos dos profundos y celestes ojos, odio que me miren. Me levante, un ligero mareo hizo que apoyara mi mano sobre la pared -malditas drogas. Era el fin, un fin de ojos azules y olor a Malboro.
Y el martillo golpeando el clavo fue lo ultimo que oí esa noche. Así enterré a mi madre a 3 metros bajo tierra entre alaridos, insultos y lagrimas. Mi sonrisa no podía ser mas sádica ante la sensación de poder, tu me diste la vida, yo te la quitare.

Comentarios recientes