Siempre me ha gustado esa descripción o técnica. A mano alzada. Recuerdo de niño, en clase de dibujo, cuando el profesor nos decía que dibujáramos a mano alzada… A mano alzada. Dibujar a mano alzado, es prescindir de toda herramienta, simplemente trabajar con un simple lápiz, un papel y nuestra propia mano. Hoy me encuentro dibujando mi mejor obra de arte a mano alzada. Comenzando por una dulce y lenta asfixia, apretando con dulzura el pálido cuello de está desconocida que ha decidido posar para mi. Seguido de colorear todo mi lienzo de un rojo sangre, conseguido con mi lápiz atravesando la tráquea de la modelo. De rojo oscuro, por los coágulos formados por los golpes que ha recibido, los cuales dan el relieve a mi obra. A mano alzada. Está es mi mejor obra de arte, lenta, metódica, expresiva, sentimental, atrapante. Una muerte, a mano alzada.
Me encontraba en aquel local, oscuro, humeante, repleto de gente, ebullición, sentado en la zona más oscura del mismo, ignorando los compases del actual artista, dejándome llevar por los efectos de las drogas y el alcohol. Buscando por cada rincón mi próximo objetivo, buscando un cuerpo caliente, unas manos hábiles, una mirada libidinosa, un presente, y porque no, un futuro también. Mi compañero de andanzas, se encontraba al borde del desmayo a mi lado, demasiada droga, demasiada poca cabeza, demasiada pasión.
Sueño, sueño, quiero dormir. Los ojos rasposos, como si tuviera arena en el interior, el cuerpo pesado, entumecido. Pero una llama brilla en mi interior, una llama que cada vez es más grande, que cada segundo de vida interior, hace que mis ojos se iluminen, que busquen salidas, que busquen metas.
Mi corazón vuelve a palpitar con vida, mis piernas, antes entumecidas, dormidas, vuelven a moverse… primero los pulgares, luego el resto de los dedos de mis pies, los pies, las rodillas, las piernas. Tengo vida, tengo cuerpo, tengo alma, tengo fuego, tengo ansia por ver y cambiar. Mundo, ahí estas, ahí has estado, me has esperado, paciente… mi hermano. ¿Sueño? ¿Quien dijo sueño?
Escucha, ¿qué te hace pensar que esto que sientes, que esto que ves, hueles u oyes es real? ¿Qué te hace pensar que tu percepción es la correcta? Nos creemos únicos, excepcionales, poseedores de toda razón, idea o visión. ¿Qué diferencia hay entre tu percepción, la de una hormiga o la de un perro? ¿Que nos hace pensar que los supuestos delirios de un psicópata son falsos? ¿Realmente existen? Tachados de enfermos mentales por la simple razón de ver otras cosas que tu, no eres capaz de ver. Sedados, drogados y aislados mentalmente, poniendo rejas a nuestras mentes para ver, oír, oler y sentir lo que quieren que oigas, piensas o sientas. ¿Es justo? ¿Es ético?
Hay maquinas que pueden ver la energía que trasmite cualquier objeto o persona, hay maquinas que permiten ver en la noche como si fuera de día, o incluso maquinas que detectan gases no olorosos. Existen maquinas que aumentan por un millón la capacidad de visión del ser humano. Si hablara de ello hace 150 o 200 años, me tacharían de loco, no de visionario. Si a día de hoy alguien habla de mundos paralelos, de agujeros de gusano, de agujeros temporales, de otras dimensiones, sin mayor base que su propia creencia o visión, es tachado de loco.
Ahí comienza mi historia, una continua persecución a mis ideales, una continua lucha por demostrar a la sociedad que no existe una única visión correcta, si no una percepción común normalizada, alimentada continuamente por el rechazo a lo diferente. Es mi lucha, son mis ideas.
Hoy mi rostro, se ve gris, oscuro, triste. Hoy mi alma es mas pesada que nunca, mis cadenas están aun mas encadenadas al suelo y la asfixia comienza a aparecer. Hoy, no soy un hombre, hoy soy una pieza del destino, hoy estoy destinado a sobrevivir, como un peón mas en el tablero de ajedrez. Blanco o negro, igualmente seré sacrificado en pos de una teórica evolución.

Los sueños se escapan de mis manos como el viento, pero el sabor de la libertad, como ambrosía divina, perdura en mi lengua, en mis labios, en mi garganta. La vida se compone de pequeños fragmentos, de pequeños retazos de experiencias pasajeras, el presente hiere, el futuro preocupa, el pasado calma. Simples divagaciones, simples lagrimas inertes esperando a tener algún sentido para aparecer en escena. Comienza el segundo acto.
Escuchar esto y dejaros llevar.
Detente. ¡Detente!. ¡¡Detente!! El tiempo se detiene por fin, y yo, hago lo mismo para observar. Observo la ansiedad que me invade, observo la presión a la que soy sometido día tras día por la sociedad, observo el rostro de la gente al contárselo con una mirada de perdón y comprensión, como si de Mesías salvadores se trataran.
Harto, hastiado, ardiendo. Mi cabeza, mis neuronas, forman nuevas conexiones, a veces creo, que en algún momento, por error, se realizara una conexión incorrecta, y mi mente se nublara, se nublara hasta la locura, transformando esta ansiedad, en rabia asesina, en ganas de aniquilar, de matar, como un berserker drogado con amanita muscaria, dispuesto a echarse sobre sus demonios, sobre sus enemigos. ¿Quien maneja mi mente? ¿Un ente superior? ¿El alma? ¿Quien esta ahí para hacerlo? Continua… ¡Continua! ¡¡Continua!! Y la ansiedad, vuelve a mi garganta en forma de vomito ensangrentado, y cientos de caras, me vuelven a mirar con halos de bondad, asco y pena. Algún día, acabare con vuestras vidas… algún día.
¿Lo he hecho? ¿Realmente lo he hecho? Algunos dicen que si, que me vieron hacerlo, que me oyeron decirlo, pero no soy realmente consciente, no tengo la sensación interior de haberlo hecho, de haberlo dicho, ¿la locura ata mis neuronas en una continua lucha interior? No lo se, pero cada vez mas, la seguridad de no haber hecho lo que se me acusa de haber realizado es mayor. Estoy seguro, pero por mas que lucho, por mas que trato de analizar distintas visiones, distintas formas de pensar, la situación minuto a mi minuto, lo dicho, lo hecho, no vislumbro ni un ápice de lo que se me acusa. ¿Es capaz la locura de cambiar tanto la percepción?
Contemplaba la basta superficie de campo delante de sus ojos, como los campesinos trabajaban en sus tierras, mientras el acariciaba con los pensamientos perdidos el mango de su espada. Búsqueda, constancia, llama interior. El era un samurai, y no se podía permitir sentirse atenazado por terrores banales y totalmente humanos, el estaba por encima de ello, su alma era pura, su medio la vacuidad, lo era todo para el, no existía mas que eso.

Una ligera brisa, proveniente del océano pacifico, refrescaba su rasurada cabeza, sus manos comenzaron a volver a la vida, sus ojos, comenzaron a abrirse en su máximo esplendor, su mente, comenzó a allanarse, a eliminar las imperfecciones, a eliminar lastres, vicios, perversiones, tentaciones. Sus rodillas, comenzaron a doblarse hasta levantarse, su cuerpo, comenzó a respirar normalmente. Es un samurai, honestidad y estoicismo, astucia y benevolencia, fiereza y calma. Nada puede derribar las barreras de su mente y de su corazón, protegidos con un perfecto Kuji Kiri trazado con la máxima concentración: Rin, Pyo, To, Sha, Kai, Jin, Retsu, Zai, Zen! Iluminación. Elevó su cuerpo, por encima de todo lo material, de todos sus bastos terrenos y encuentró la respuesta: Persevera, Issho Kenmei, como decía su padre, enfoca la energía en lo que realizas, para lograr ser mejor cada día.
Un padre de familia, humilde, muy humilde, subiendo a las 7:00 de la mañana a un autobús dirección a Plaza de Castilla, cargando en sus brazos a su hija, de mirada despierta, ropas raídas, pero con una sonrisa amplia, que me lleva a confundir, si la luz que de improvisto llena el autobús es debido a ella o al sol del amanecer que corta el horizonte.
Esta sonrisa, esta mirada, contrasta enormemente con la de su padre, cansada, ojerosa, demacrada, cada día se levanta a las 5:00 de la mañana, para preparar todo, y se acuesta a las 0:00, entre pensamientos de rabia, de impotencia ante un trabajo duro, muy duro, habiendo estudiado la carrera de historia en la universidad de Bucarest, nunca lo imaginaria, nunca lo soñaría, ni en la peor de sus pesadillas.
Los ojos tristes del padre, se clavan en los míos, y la sensación de comprensión es máxima, de tristeza aun mayor. Me llama la atención, la fortaleza que emana, parece un guerrero medieval, aguantando su armadura, oliendo a oxido, su espada, preparado a enfrentarse a cualquier rival, bajo la lluvia y el terreno empantanado, solo por su hija.
Amor, sacrificio, fortaleza, lucha, acciones de un héroe de la obra, de un héroe del cepillo, de un héroe de una furgoneta de envíos, del héroe del siglo XXI.
Rabia, impotencia, soledad, incomprensión, autodestrucción, caminos a seguir para el fin de todo ser humano, caminos trazados a sangre y fuego en la memoria, en el corazón y en el alma. Gran desdicha, lagrimas juguetonas en los ojos, garganta seca como las raíces de un árbol muerto, una profunda fosa en donde descansar rodeado de gusanos y alimañanas. El fin o el principio

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